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Relación Laboral y Propiedad Intelectual

Un programador informático de una empresa exportadora escribe varios códigos que serán utilizados en el giro ordinario de la compañía para la cual presta sus servicios lícitos y personales. Dentro de sus funciones asignadas se encuentra la de realizar cualquier tipo de códigos acorde con las instrucciones de sus superiores. Al cabo de unos años, el programador decide emprender su propio negocio y no se le ocurre mejor idea que llevarse todos los códigos y programas que ha desarrollado durante la relación laboral.



Desafortunadamente en nuestro país -conforme lo he podido constatar en mi actividad profesional-  casos como el descrito en líneas anteriores no son tan hipotéticos ni esporádicos y conllevan muchas veces infracción de derechos, lo cual considero es causado por desconocimiento de las normas de propiedad intelectual, causado entre otras cosas por la falta de asesoría especializada.

Pensemos además en las industrias creativas (diarios, agencias de publicidad, revistas, cadenas de televisión), en donde se contrata personal de manera específica para crear contenido protegido expresados a través de textos, imágenes, grabaciones audiovisuales, musicalización, entre otros, y en donde en consecuencia es imperativo que la regulación sobre los derechos de propiedad intelectual de toda esta labor quede clara sobre todo hacia el trabajador, que tiende a pensar equivocadamente (insisto, conforme lo he podido corroborar), que por haber desarrollado ciertos contenidos los puede usar de cualquier forma.

No lo veamos solo desde la óptica del empleador, puesto que el trabajador puede encontrar un margen para negociar o lograr ciertas concesiones de uso de sus creaciones en otro tipo de contexto, o quizás negociar un tiempo de carencia para luego poder utilizar versiones actualizadas de las propias creaciones sin limitación alguna, salvo aquellas que entrañen competencia directa con su ex empleador. En fin, hay muchas probabilidades, lo importante es estar consciente de los derechos y limitaciones.

En materia de propiedad intelectual tanto el trabajador como el empleador tienen que tener en cuenta lo que es susceptible de protección. Hablamos no sólo de productos como software o imágenes, también pensemos en la propia marca del negocio, la información protegida como secreto industrial, los diseños industriales, las patentes de invención y los modelos de utilidad. A propósito de esto, se conoce que Steve Jobs tiene a su nombre más de cuatrocientas patentes -más de 100 fueron concedidas aún después de su muerte-, naturalmente, no es que él haya sido la persona que se encargó de desarrollar todo el proceso de creación y concreción del invento, sino que muchos de éstos se realizaron gracias a sus ideas, iniciativa, coordinación y producción, lo cual le confiere el derecho de obtener la titularidad de las invenciones.

La regla general es que, salvo pacto en contrario, toda creación desarrollada en el marco de un contrato laboral pertenecerá en lo atinente a los derechos de explotación al empleador, lo cual permite que éste pueda a su vez reproducir, comunicar públicamente, distribuir y transformar la obra realizada por el trabajador; y, en contrario, el trabajador no podrá hacer uso de los derechos patrimoniales, so pena de incurrir en una infracción susceptible de ser sancionada conforme a las normas pertinentes.

Muchas veces sucede que un trabajador acude ante el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI) para inscribir una obra que le fuera encargada por su empleador, señalando que es titular de todos los derechos morales y patrimoniales, situación que es el equivalente a una “bomba” de tiempo jurídica que en algún momento “estallará”. En nuestro ordenamiento no existe una acción administrativa específica para anular o revocar un registro de derecho de autor sobre una obra sobre la cual no se es autor y/o titular; no obstante, casos se han presentado por lo que sería más que interesante desarrollar este tema específico en otro artículo.

En nuestra Ley de Propiedad Intelectual el artículo 16 primer párrafo de forma expresa señala que salvo “pacto en contrario o disposición contenida en el presente libro, las titularidad de las obras creadas bajo relación de dependencia laboral corresponderá al empleador, quien estará autorizado a ejercer los derechos morales para la explotación de la obra”. Es evidente que la mención de los derechos morales no entraña de ninguna forma que exista una cesión de los mismos -estos son irrenunciables a todas luces-, mas bien la intención es autorizar al empleador a hacer uso de los derechos morales del autor en la medida que sea necesario para poder utilizar las obras creadas por el autor/trabajador. De lo contrario podríamos tener casos injustos como que el empleador no pueda dar a conocer la obra desarrollada por el autor/trabajador ya que no podría ejercer por sí mismo el derecho moral de divulgación, lo cual tornaría inútil e ineficaz la contratación laboral.

Las prestaciones protegibles por propiedad intelectual están presentes en todo tipo de negocios, no debemos pensar que sólo en las grandes compañías multinacionales las encontraremos, por esto es indispensable buscar la asesoría especializada. Como leí alguna vez, “más vale prevenir que litigar”, sobre todo cuando se trata de las modalidades de explotación de obras realizadas en la esfera laboral.





 
 
 
 





 
 
 
 

 

 
 
 
 

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