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Orígenes del Software Libre

La palabra “hacker” tuvo un origen muy lejano y mucho más noble al que se lo asocia al día de hoy. Su génesis fue en los años sesenta y se refería a toda una comunidad de entusiastas programadores y diseñadores de software (programa de ordenador) de diversas instituciones académicas estadounidenses como MIT (siglas en inglés del “Instituto de Tecnología de Massachusetts”), tal como se lo señala en el libro “Los Innovadores: Los genios que inventaron el futuro.” de Walter Isaacson.

 

Podría decirse que con la masificación de los computadores personales poco a poco se fueron desarrollando dos visiones respecto de las formas en que se debían de compartir los programas de ordenador. Hubo desde siempre la visión idealista respecto a que los programas de ordenador debían pertenecer al público en general y sus mejoras debían ser compartidas libremente en beneficio de todo aquel que las necesitara. De esta perspectiva se nutrió en un primer momento el espíritu de los hackers originales.

De la otra orilla están quienes reconocieron que el software podía ser el motor principal de toda una industria, siendo el caso paradigmático el de Bill Gates con el actual gigante Microsoft. A propósito de esto, recomiendo leer la carta que en su momento enviara Gates a los miembros del “Homebrew Computer Club” (frecuentado también por Steve Jobs y Steve Wozniak), para hacerles conocer que no estaba dispuesto a dar su software gratis -al ver horrorizado que en la reunión del club todos hacían copias indiscriminadas del mismo para poder estudiarlo- y además reclamando un pago por cualquier reproducción del mismo. 

Más allá de estas anécdotas, lo cierto es que los programas de ordenador han sido siempre un caso especial en el mundo de la Propiedad Intelectual. En lo personal considero que por sus características debería tener una regulación dedicada. Se podría decir que más por motivos de conveniencia y pragmáticos que jurídicos, al software se lo ha asemejado a una obra literaria, además de preverse limitaciones específicas dada su naturaleza especial.  

Como en toda causa que se precie de ser justificada, los opositores a la restricción de los softwares necesitaban un abanderado y un sustento conceptual y filosófico que sirva de sustento para su lucha. En este apartado sin lugar a dudas emerge la figura de Richard Stallman, un brillante programador y genio de las matemáticas que pasó por Harvard y que tenía como código de vida los ideales de los auténticos hackers.  

Stallman tenía su manera muy particular de ver las cosas, que lo llevó desde joven a rechazar cualquier idea de restringir el acceso libre a los programas de ordenador. Como purista convencido veía con decepción que sus colegas que enarbolaron la visión de libertad, de a poco fueron acomodándose en la seguridad que comprendía laborar en compañías que se dedicaban (por ironías de la vida) a comercializar software.  

En 1982 Stallman puso manos a la obra en crear un sistema operativo que pudiese ser compartido por todos sin ninguna limitación: nacía así el “free software”, el cual debe entenderse como “libre”, en vez de “gratis”. Así nació el “GNU”, que se distribuye bajo lo que se conoce como una licencia pública general, que faculta a que cualquier persona pueda reproducir, distribuir, transformar, comunicar públicamente, el programa, a cambio de liberar también las eventuales modificaciones.

Es muy importante destacar que en materia de Derecho de Autor (que es la modalidad de Propiedad Intelectual que cobija a todos los programas de ordenador, incluyendo al software libre), un autor puede sí así lo desea aportar su creación al dominio público, permitiendo entonces que se pueda usar su obra sin mayor restricción (como ocurre en el software libre), aunque jamás podrá renunciar a sus derechos morales (por ejemplo, el derecho a ser reconocido como autor del programa de ordenador).





 
 
 
 





 
 
 
 

 

 
 
 
 

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